El Pilates y yo

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Como algunos ya sabéis el pasado mes de septiembre me apunté al gimnasio. Había llegado el momento de retomar la buena costumbre de hacer ejercicio físico de forma regular y aunque la idea no me apetecía a priori demasiado, el hecho de apuntarme con algunas amigas hizo que lo cogiera con más ganas.

Tengo algún que otro problema de espalda y eso sumado a mi torpeza y falta de coordinación (seamos realistas) hizo que desde el principio descartará las clases de aerobic, stepp, aerosalsa o similar. No son lo mío. Por eso opté por el pilates y la verdad es ha conseguido engancharme y seis meses puedeo decir que me gusta, y bastante.

Ahora que es un deporte difícil, también os lo puedeo asegurar. Resulta raro porque no se trata de un ejercicio aeróbico donde descargues adrenalina o sudes como un pollo liberando toda clase de toxinas. El Pilates es distinto. Es un ejercicio lento, relajante, calmado… pero complicado, muy complicado. El que piense que hacer pilates es algo fácil, esta muy equivocado.

En estos seis meses he mejorado un montón en muchos ejercicios, aunque también os digo que algunos me siguen costando mucho y otros literalmente aún me resultan imposibles o impensables. En muchos de ellos soy la de la foto, pero no la que está delante en una posición casi perfecta, soy más bien la de atrás intentando mantener la postura sin morir en el intento por el camino (literalmente). No suelo decir tacos pero en clase de Pilates cuando llevo un buen rato con el abdomen contraído y las piernas en alto se me pasan por la cabeza infinidad de ellos. Y algunos hasta los suelto (eso sí por lo bajines). Aún así disfruto mucho de la clase a mi manera, intentándolo y mejorando poco a poco, y me río un montón con mis compis y la profesora que tiene unas ocurrencias que te partes de la risa.

Voy dos noche a la semana y otras veces intento escaparme a alguna clase de “BodyBar”, sí habéis oído bien. Algo parecido al Body Pump que ayuda a tonificar todo el cuerpo. Estas clases también me gustan pero lo que intento a toda costa no saltarme nunca son mis clases de Pilates. Después de seis meses creo que han empezado a convertirse en una necesidad y eso mola. Noto mucho mejor mi espalda, duermo de maravilla y mi abdominales también lo ha agradecido mucho, que después de dos embarazos se veían algo resentidos.

La verdad, es que cuando me apunté nunca pensé que duraría tanto. Los gimnasios siempre me han dado pereza pero, por fin, he encontrado algo que realmente me gusta. Y tú, ¿has hecho alguna vez pilates?

2 comentarios

  1. Yo fui a una sesión de prueba que regalaban en mi gimnasio y acabé reventadita.Como para apuntarme de forma continuada!

  2. Jajaja… Las primeras clases fueron muy duras pero poco a poco vas cogiendo resistencia 😉

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