No se puede querer más

hijos, maternidad,

 
Antes de ser madre nunca fui capaz de imaginar lo que significaba tener un hijos, el amor tan brutal y tan “animal” que se puede llegar a sentir por ellos. Un amor puro, sincero y eterno. Un amor que desborda, que rompe barreras y que crece con cada mirada, con cada palabra, con cada paso, con cada beso, con cada juego, con cada enfado, con cada risa, con cada llanto… Un amor infinito, sin más.

Ya han pasado cinco años. Cinco años desde que sentí por primera vez sus movimientos fuera de mí. Cinco años lentos y disfrutados que han pasado volando. Cinco años que me gustaría enfrascar en tarritos y nunca olvidar. Cinco años para coleccionar. Cinco años cargados de vivencias, de miedos, de cambios, de retos, de superaciones, de aprendizaje constante… Cinco años rebosantes de felicidad que no cambiaría por nada del mundo. Cinco años ya desde que revolucionaron mi vida. Vida que soy incapaz de imaginarme si ellas. Sin  sus risas, sus juegos, sus llantos, sus peleas…

Y ahora os contaré un secreto. Todas las noches, antes de irme a dormir, paso por su castillo de princesas a verlas. Me encanta su olor cuando abro la puerta, todavía las huelo a bebé, me aferro a eso y así intento por unos segundo detener el tiempo. Las miro y allí están mis princesas. Entonces las observo durante unos minutos, sitiendo su relajada respiración que me transporta a sus sueños y no no me canso nunca de mirarlas. Cada noche ese instante lo grabo en mi retina, a veces les hago fotos, otras veces no, pero siempre intento almacenar esa imagen en mi baúl, donde colecciono recuerdos. Recuerdos que no olvidaré nunca.

Tenemos una larga vida por delante. Vosotras tenéis una larga vida por escribir, una vida en la que vosotras seréis las únicas protagonistas, pero una vida en la que os acompañaré siempre, para lo bueno y para lo malo. ¿Y sabéis por qué? Porque nuestra historia de amor no tiene límites, se trata de un amor es infinito.

2 comentarios

  1. Siempre he pensado que los hijos son el primer amor que elegimos sin que nos elija… Precioso

  2. Y el más puro y más eterno. ¡Muchas gracias por pasarte!

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