Queridas rabietas…

Hablar de rabietas es todo un clásico. Todos los que tenemos hijos sabemos lo que son y, en mayor o menor medida, las hemos sufrido en algún momento. Pero cada niño es mundo, cada situación en distinta y cada familia reacciona de una manera. Y todo, en conjunto, hace que las afrontemos de forma distinta, tanto ellas que las padecen, como nosotros (los papis) que las sufrimos.

Con la mayor las rabietas fueron como fueron. La inexperiencia y su forma de ser nos llevaron a comportarnos de una manera. Pero con la pequeña está siendo muy distinto. Ella es otra persona, completamente diferente a su hermana, ni mejor ni peor, simplemente distinta. Y, sin duda, nosotros tampoco somos los mismos.

La experiencia y la madurez hacen que te comportes y reacciones de forma distinta ante las rabietas y las herramientas de las que dispones para manejar la situación son más numerosas. Y, aunque también es verdad que a veces el cansancio de la bimaternidad hace mella, no quiero ni pensar lo que será la trimaternidad, esta madurez ayuda y aporta calma en general para afrontarlas. Aunque ambas formas si tienen un denominador común, la comprensión, para sobrellevarlas mucho mejor.

Nosotros lo pasamos mal con las rabietas pero para ellos, que las sufren en primera persona, tampoco son un camino de rosas. Normalmente viene motivadas por algo que a simple vista puede parecer absurdo pero que, normalmente, es la gota que colma el vaso cuando están cansados, tienen hambre, algún virus les está rondando o simplemente cuando se enfrentan a una situación nueva que ni ellos mismos saben gestionar.

Hay rabietas que aparecen cuando nuestros hijos no pueden hacer algo que quieren o no obtienen la respuesta que quieren ante una determinada situación. No debemos olvidar que nuestros hijos no paran de descubrir cada día sensaciones nuevas y muchas de ellas son difíciles de entender y afrontar para ellos, por muy sencillo y fácil que a nosotros nos parezca de entender. Estas nuevas sensaciones que no saben como gestionar, sumadas a su estado de ánimo en ese momento, les llevan a reaccionar de una determinada manera. Y llega la rabieta.

En estos casos, una vez pasada, a nosotros nos ha funcionado muy bien el diálogo. Hacerle entender que ya pasó, que estamos con ella y dialogar para intentar encontrar el motivo que ha originado la rabieta. La conversación, la escucha, la empatía y el cariño son fundamentales para ayudarles a comprender la situación e intentar evitar que se vuelva a repetir. Y, sobretodo, muchas dosis de paciencia porque algunas veces son necesarias más de una o dos conversaciones sobre el tema para que finalmente lo entiendan.

Aunque también hay rabietas que se desencadenan cuando los padresmarcamos límites en su educación. En ese caso nuestros hijos deben aprender a asumir esos límites, entenderlos y aprender a vivir con ellos. Y eso lo harán mejor si les acompañamos y les apoyamos siempre pero con homegeneidad y constancia. Aún así habrá rabietas, en algunos caso incluso necesarias si me apuras, pero con el tiempo aprenderán que los límites son positivos para ellos y se darán cuenta de que con ese comportamiento no consiguen nada. Entonces las rabietas se marcharán de la misma forma que llegaron. Toca pasarlas y seguir actuando con empatía y cariño, escuchando y dialogando siempre. Eso para nosotros es esencial.
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Como ayuda para todas ellas hay muchos libros que pueden ayudaros a gestionar el tema de las rabietas en casa, precisamente el último que hemos recibido en las cajas My Little Book Box de Boolino versaba sobre este tema. “Rabietas” se titula y os ayudará a que los niños identifiquen el momento de la llegada de la rabieta, a que identifiquen esa sensación que sube por su garganta, que entiendan que enrabietarse no es la solución y que también entiendan lo que estas rabietas provocan en la gente que les rodea. A mis niñas les gustó mucho.

Y otro libro muy recomendable, del que seguramente ya habréis oído hablar, es Emocionario. Una buenísima ayuda para hablar con vuestros hijos de emociones, estados de ánimo y sensaciones y que además les ayudará a aprender a controlarlos.

Y vosotros, ¿cómo afrontáis las rabietas de vuestros hijos? ¿Conocéis algún libro más que trate este tema?

4 comentarios

  1. ¡Creo que voy a necesitar ese libro, Rabietas! Me lo apunto 😉

  2. Nosotros empezamos con la rabieta con un año recién cumplido. Y vamos a rachas, aunque hay días en que se suceden una tras otras. La mayor parte vienen provocadas por la impotencia que siente Maramoto al no poder alcanzar algo, no poder expresarse. Otras, cuando no le dejamos coger determinada cosa que se le ha metido entre ceja y ceja. La verdad es que hace falta mucha paciencia y empatía. Respirar hondo. Y tener claro que tal como vienen, se van. Antes o después 😉

  3. Hola, ¡me encantó la nota! Te dejo dos notas que escribí, una sobre la mal llamada demanda de los chicos, http://diariodelparana.com.ar/columnistas/en-busca-de-un-poco-de-atencion/ y la otra sobre las penitencias, http://diariodelparana.com.ar/columnistas/como-deberian-ser-las-penitencias/ en la que me basé en el libro "No drama discipline". Beso grande, Clarisa

  4. Mi Bichilla aún es pequeña para esta fase, pero ya hemos vivido algún que otro enfado monumental por su parte. Sé que son etapas normales en su desarrollo, pero con el carácter que tiene mi churumbelita ¡miedo me dan las escénicas que pueda montar! Por ahora seguiremos criando con calma y nos apuntaremos el libro en caso de emergencia.

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