Nuestra casa será espacio libre de gritos

 

Nunca he sido de hacer una lista de propósitos para el año nuevo, siempre me ha dado pereza, pero la pasada nochevieja en casa decidimos empezar el año con un próposito común, un pacto que si funciona (eso espero y confío), cambiará mucho nuestro día a día y nuestras vidas. Esta tarde los cuatro juntos decidimos que a partir de ahora en nuestra casa NO SE GRITA. Hemos declarado nuestros hogar “espacio libre de gritos“, ¿suena bien verdad?

Vamos a ver, no es que nuestra casa sea una casa de locos, gritando todos como posesos todo el día, pero tenemos momentos, días e incluso rachas demasiado sonoras, diría yo. Nunca me ha gustado gritar, ni que me griten. Es más, creo que lejos de aportar algo lo que hace es restar, en todos los sentidos. Provoca malestar, incomodidad, hostilidad, tirantez… Y la gota que ha colmado el vaso ha sido ver a mis hijas gritando a sus muñecos como yo las grito a veces a ellas, cuando mi paciencia se agota. Nuestros hijos son nuestro reflejo y si no me gusta que me griten a mí ¿por qué voy a gritarles yo a ellas, para que luego sean ellas las que griten?

Hace algunos meses mucho se habló en la blogoesfera del reto #RinoNaranja o Desafío del Rinoceronte Naranja. Por aquel entonces leí mucho sobre el tema, pero siempre pense que mis peques erán demasiado pequeñas para entender algo así y, principalmente, que yo no sería capaz de cumplirlo. Total, para qué voy a intentarlo si no voy a cumplirlo. Sinceramente, creo que lo que me faltaban eran fuerzas y ganas de lograr el objetivo que se perseguía con ese desafío. Fuerzas y ganas que ahora sí tengo.

No sé muy bien si nuestro pacto sigue al pie de la letra el Desafío del Rinoceronte Naranja, aunque desde luego lo que sí que compartimos es el fin, ¡acabar con los gritos! Esa tarde, la del día de nochevieja, nos sentamos los cuatro y con mucha tranquilidad les explique cual era mi idea y todos estuvimos de acuerdo en llevar a cabo el pacto, que sellamos con un buen apretón de manos. Entre todos acordamos que a partir de ahora se acabaron los gritos. Mamá no gritará, papá no gritará y las peques tampoco gritarán y el que grite meterá una monedita en una hucha, como castigo por su delito, montarnos en los caballitos. Será nuestra manera de reconocer que no hemos cumplido.

Las niñas lejos de ser muy pequeñas para entederlo, lo entendieron a la perfección desde el principio. Después de ese día, los cuatro hemos contado nuestro pacto a amigos cercanos y familiares, y ellas lo explican de maravilla a su manera, en casa ya no se grita dicen. Y no ha hecho falta volver a explicar en qué consiste nuestro pacto, ¡vaya que si lo han entendido! Llevamos pocos días y han sido días fáciles, en los que todos hemos estado de vacaciones, sin horarios y sin rutinas, veremos a ver qué pasa ahora. Prometo que os iré contando.

¿Qué os parece nuestro propósito para el nuevo año?

3 comentarios

  1. Me parece un genial propósito de año nuevo. Y lo suscribo. En las conversaciones siempre me produce rechazo la gente que grita, así que en la medida de lo posible intento no hacerlo. La gente tiene tendencia a creer que cuanto más griten, más se les escucha. Pero yo creo que es todo lo contrario. ¡Suerte con el propósito!

  2. Muchas gracias, por ahora lo llevamos mejor de lo que pensaba. En casa se respira otro ambiente y lo agradecemos todos. Aunque mi peque sigue gritando a sus muñecos, supongo que será cuestión de tiempo…

  3. Un gran proposito, positivo para todos.
    En mi casa estamos en ello.
    Hoy mismo he puesto un post relacionado (hasta la imagen es la misma).
    Suerte

Deja un comentario