La maternidad de la A a la Z. L de LLorona

Hoy, en mi particular AZ de la maternidad, he escogido la palabra Llorona, ¡servidora! Siempre he sido una llorona, no en el sentido de persona que se queja o se lamenta con mucha frecuencia (de esas creo que no soy), sino en el sentido de persona que llora con mucha facilidad. Cualquier motivo por simple que parezca consigue arrancarme una lagrimita, bueno…, más de una diria yo. Vamos que soy de lagrima más que fácil, hablando en cristiano.

Desde que me convertí en mami, hace algo más de cuatro años, he vivido muchos momentos y experiencias que me han hecho llorar, y tengo que decir que muchas de esas lágrimas han sido de alegría. Nunca me ha dado vergüenza mostrar al mundo mis lágrimas, el que no quiera que no mire. Bueno… excepto el día de mi boda que no paré de llorar en toda la ceremonia y ahora me arrepiento un poco la verdad. ¡Menuda cara pocha tengo en todas las fotos! 

Además creo que compartir lágrimas con mis niñas cuando nos arrepentimos de algo, cuando perdemos a algún ser querido o cuando experimentamos situaciones de mucha tensión puede enseñarles algo muy positivo. Llorar y mostrar nuestros sentimientos al resto del mundo no es malo, todo lo contrario. Y lo bien que te quedas a veces después de una buena llorera.

La dificultad viene cuando te enfrentas a situaciones en las que por el bien de tus hijos, las lagrimas es mejor que no hagan acto de presencia. Sin ir más lejos, como sabéis, ayer le pusieron drenajes a una de mis niñas. Cuando me ví con ella en el quirofano, rodeadas las dos de aparatos y en compañía de las enfermeras, el anestesista y la doctora, me costó mucho, pero que mucho que las lágrimas no aparecieran. Ella estaba muy tranquila y no parecía asustada, miraba todo con curiosidad y no podía dejar que unas lágrimas mías provocaran que ella se pusiera nerviosa. Me costó un verdadero imperio aguantar. De hecho, cuando se durmió y me mandaron esperar fuera de quirofano no pude evitar soltar alguna que otra lágrima. Intenté recomponerme en seguida, la intervención me habían dicho que duraba muy poco y tenía que estar preparada para cuando ella saliese y se despertase de la anestesia. No os podéis ni imaginar el nudo que se hizo en la garganta y que luego bajo al estómago.

Me costó mucho pero conseguí ser fuerte y darle todo el apoyo que en ese momento necesitaba. Nunca pensé que fuera tan difícil, pero para una persona llorona como yo es una misión complicada. Supongo que a lo largo de nuestras vidas me econtraré en más situaciones en las que por su bien no será bueno que las lágrimas aparezcan, pero espero saber estar a la altura.

4 comentarios

  1. ¡Vaya! Espero que tu peque se recupere pronto de la intervención… Cierto es que sus heridas nos duelen más que las propias.

    Mi hija me mira como si estuviera loca cuando se lo digo y añade, "bueno, mamá, pero yo creo que me duele más a mí ¿eh? que el pendiente se ha infectado en mi oreja y es a mí a quien casi se la arrancan" y yo "que no, que me duele más a mí. Tú no lo entiendes. Ya lo entenderás." y ella "¡Anda ya, mamá!"

    Bromas a parte, espero que todo vuelva pronto a su sitio y no tengas que derramar más lagrimas. ¡Un abrazo!

  2. Hola me llamo "Marta" y soy llorona. Me pasa algo parecido a Pao, nací un dia de lluvia y dicen que por eso somos lloronas verdad?? ajaj me hizo mucha gracia esa reflexión. El caso es que llorar es algo estupendo, te deja como nuevo y no acumula tensión que luego se traduce en ansiedad. Yo por eso tuve un trastorno de ansiedad grande, porque pensaba que si lloraba y todo el mundo me veia pensaria que era débil. Pues a la porra con todos, yo lloro si me apetece y si así lo necesito.

  3. Pues mira que yo no soy nada llorona, y desde que he sido madre ¡como que me ha cambiado el metabolismo del llanto! Y a veces se me saltan solas las lágrimas de emoción mientras le estoy dando el pecho a mi bichilla, o mientras se ríe en el cambiador mientras la visto… Debe ser muy difícil aguantar un tirón así si encima eres propensa al llanto, pero está visto que por nuestros niños hacemos lo imposible.

  4. Creo que todas hemos coincidido muchas veces con posts que vienen a decir lo mismo pero con otras palabras. La maternidad nos enseña lo extremadamente vulnerables que nos convertimos por ellos. Su dolor es algo que nos aterra, más que el propio.
    Es natural.
    Ya verás como todo va bien, valiente!!
    Un abrazo!!

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