Complicaciones con la lactancia materna: mastitis y perlas de leche

Siempre había presumido de lactancias facilonas y con las que había disfrutado mucho pero algunas complicaciones con la lactancia materna, en esta ocasión, me están amargando un poco la existencia. Esta tercera lactancia se me ha ido complicando por momentos y aquí ando luchando, desde hace ya más de tres meses, para poder volver a disfrutar de ella. 

Todo empezó el pasado mes de diciembre, una de esas noches en las que mi pegatina durmió de pronto más horas de lo habitual por la noche. Me desperté sorprendida de que no se hubiese despertado ni una sola vez en mitad de la noche y, claro está, cargada hasta arriba de leche. Me puse a la niña al pecho y aunque succionó a la perfección, no consiguió vaciar mi pecho izquierdo del todo y se me quedo algo más duro de lo normal. Al terminar intenté sacarme lo que quedaba con el sacaleches, e incluso manualmente, pero sin éxito. Aún así, como no me molestaba, no le di mucha importancia y me olvidé del tema.

Durante los dos días siguientes seguía teniendo ese pecho más duro de lo habitual pero sin ninguna molestia. La mastitis empezó a manifestarse el tercer día. De pronto comencé a encontrarme fatal: dolor de cuerpo, frío, malestar general… En ese momento pensé que había cogido la gripe porque el pecho aún no me molestaba. Me tomé un paracetamol y me metí en la cama. Al día siguiente fui a mi médico de cabecera y le pregunté si podría ser mastitis, me habían advertido de que los síntomas a veces eran parecidos a los de una gripe. Pero al ver su cara cuando se lo sugerí, algo me hizo pensar que no tenía mucha idea. Me miró la garganta y los oídos. La mastitis directamente la descartó, sin explorarme el pecho ni siquiera. Me dijo que no veía foco y que había que esperar. Al día siguiente las molestias seguían (fiebre y dolor de cuerpo) y fue entonces cuando el pecho se empezó a endurecer aún más, me palpaba incluso bultitos hacia la axila y apareció una mancha roja, bastante grande y caliente, encima del pezón. Ya no tenía duda, todo apuntaba a que era una mastitis clarísima por lo que volví al médico de cabecera pero el tema definitivamente le venía grande. Sin apenas explorarme me dijo que me mandaba un antibiótico de amplio espectro durante siete días y chinpún.

Es increíble que en los centros de atención primaria no haya nadie que te oriente o te asesore cuando algo se complica en la lactancia materna. No estaba tranquila y fue entonces cuando un tanto desesperada consulté con Pilar de Maternidad Continuum y Maca de Asesoras de Lactancia. Me animaron un montón  y sus recomendaciones las seguí al pie de la letra:

  • Descanso, aunque nos parezca mentira ayuda mucho.
  • Drenar mucho el pecho. A ser posible cada tres horas, por el día y, también, por la noche.
  • Frío local para aliviar el dolor. Aunque me advirtieron que igual me resultaba molesto, a mí me calmaba bastante el dolor.
  • Masajear el pecho
  • Beber mucha agua
  • Y ojo, ¡nada de calor! El calor está comprobado que favorece el crecimiento de la infección.

Nunca me había imaginado que una mastitis fuese tan dolorosa y te dejase tan fuera de juego. Por suerte, en poco más de un día el antibiótico empezó a hacer efecto y la situación aparentemente se normalizó. Lo que no sabía entonces es todo lo que vendría después, esto era sólo el principio.

Desde esa mastitis, a mediados de diciembre, las complicaciones con la lactancia materna han ido en aumento. He tenido como unas doce perlas de leche en ese pecho. Las perlas de leche son una especie de puntos blancos (pequeños, brillantes y nacarados) que aparecen en el pezón y que se inflaman cuando mama el bebé. Provocan mucho dolor, quemazón y escozor casi de forma constante, que se convirtieron en un verdadero infierno, y terminan secándose y cayéndose solas. Así una tras otra. Normalmente, se producen por una obstrucción pero, a veces, pueden aparecer por tirones. Coincidieron con la época en la que mi pegatina se distraía con un mosquito cuando estaba al pecho y los tirones y cabezeos me hacían pensar que eran su origen. Aunque cuando ya llevaba unas cuantas me empecé a desesperar.

Hable con mi pediatra, uno de los días que tuve que llevar a mi pegatina a revisión, y fue ella la que me sugirió que le pidiera a mi médico de cabecera un cultivo de leche materna. Las molestias no remitían en ese pecho, había probado probióticos sin éxito y ya no sabía qué hacer. Pilar y Maca, ambas asesoras de lactancia, coincidían también en que era posible que aún quedase algo de infección de la mastitis de diciembre.

Volví a mi médico de cabecera que, por cierto, no sabía ni que se hacían cultivos de leche materna… Tras algunas llamadas al Hospital Puerta de Hierro conseguí el volante para que me hiciesen un cultivo y llevé la muestra para analizar pero, unos días después, me llamó mi médico de cabecera para decirme que el cultivo había dado negativo. ¡Negativo! ¡No me lo podía creer! Yo estaba convencida de que algo tenía que tener. Parece ser que no habían encontrado bichos.  Así que, a pesar de mis sospechas, me resigné y achaqué las perlas de leche a los tirones de pezón de mi pegatina cuando mamaba. Me acostumbré un poco a ellas, algo que no debí hacer, y continué como pude con la lactancia materna.

Pero, por desgracia, no me equivocaba y el tiempo me dio la razón. El pasado 20 de marzo volvió la mastitis, esta vez aguda. En sólo unas horas empecé a encontrarme fatal, fiebre, malestar, endurecimiento y dolor de pecho y la mancha roja encima del pezón. No había duda. Todo eran complicaciones con la lactancia materna. Sólo tenía ganas de llorar, por suerte Pilar y Maca volvieron a ser para mí una ayuda importante. Me recomendaron solicitar que me repitieran el cultivo y esta vez con antibiograma y recuento de colonias. Pilar incluso me dijo el antibiótico que mejor iba para este tipo de mastitis, Clindamicina. Y con toda esa información me planté en mi médico de cabecera de nuevo. Esta vez no estaba él, había una suplente, que tampoco parecía tener mucha idea pero salí de allí con la receta de clindamicina y con el volante para repetirme el cultivo tal y como me habían dicho.

Volví al Hospital Puerta de Hierro y me planté en Microbiología para entregar la muestra yo personalmente. Por suerte, di con una doctora muy maja y después de contarle un poco toda la historia me aseguró que iban a hacer el cultivo tal y como lo necesitaba, con antibiograma y recuento de colonias. Estaba claro que algo tenía que tener. Con la clindamicina empecé a mejorar y casi una semana después una llamada al Hospital confirmó mis sospechas. ¡Había bicho! Y bastante resistente al parecer. El pasado viernes volví a mi médico de cabecera con los resultados del cultivo y de allí me fui con la receta de otro antibiótico distinto para ese bicho concreto. Suerte que tengo un estómago a prueba de bombas. Ya llevo casi una semana con el nuevo antibiótico y las molestias han desaparecido por completo, aunque aún no quiero cantar victoria. Cuando termine el tratamiento, pediré que me repitan el cultivo, es importante hacer seguimiento y asegurarnos de que no hay ni rastro del bicho que ha estado dando la lata.

El lunes también fui a mi ginecóloga, tenía revisión y estaba deseosa de dar con alguien que controlara un poco el tema. Pero nada, mi gozo en un pozo. Como ginécologa será estupenda pero desde luego de tetas tampoco tiene mucha idea. ¿Sabéis cual fue su recomendación? Dejar la lactancia materna. Una pena…

En todo este largo proceso, de más de tres meses llenos de complicaciones con la lactancia materna, he consultado con médicos, ginecólogos y matronas que no han sabido ayudarme. También me he encontrado con mucha gente, que lejos de apoyarme, me ha sugerido que dejara la lactancia. La pediatra fue la única que supo orientarme. Cuando te ves abrumada por los acontecimientos, sobrepasada por el dolor y, además, no encuentras apoyos ni ayuda es difícil seguir luchando por recuperar tu lactancia y entiendo perfectamente que haya gente que abandone.

Pilar y Maca han sido y siguen siendo fundamentales para mí, grandes apoyos que han estado a mi lado desde la distancia a golpe de WhatsApp o de llamada de teléfono. Gracias, gracias y mil veces gracias.

Si estáis pasando por lo mismo no desesperéis, aunque sé por experiencia que es difícil. Buscad una asesora de lactancia que os ayude, alguien que de verdad entienda de tetas, y no os dejéis llevar por las recomendaciones de gente que, sinceramente, no tiene ni idea del tema.

Y, antes de terminar, algunas aclaraciones. Habéis sido muchas las que me habéis preguntado por redes sociales:

  • ¿Debo dejar de dar el pecho? Durante una mastitis nunca destetes, corres el riesgo de tener un abceso y que incluso te tengan que operar. En una mastitis lo más importante es drenar mucho y muy bien el pecho y nadie lo hará mejor que tu bebé.
  • ¿Aunque haya infección tu bebé podrá seguir mamando? Sí, pueden seguir mamando sin problema. Aunque es verdad que hay bebés que lo rechazan porque el sabor de la leche cambia e igual te toca engañarles un poco alternando con el pecho bueno.
  • ¿Puedes tomar antibiótico y seguir dando el pecho a tu bebé? Sí, en la actualidad muchos antibióticos son compatibles con la lactancia, puedes consultarlo en elactancia.org.

Espero que todo esto que os he contado pueda ayudar a alguien que esté pasando por lo mismo. Y, yo espero y confío en acabar con el bicho que nos está amargando temporalmente esta lactancia para volver a disfrutar de ella como disfrutaba antes de que llegara.  Espero poner punto y final pronto a todas estas complicaciones con la lactancia materna y poder compartir buenas noticias con todas vosotras.

¡Os seguiré contando!

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