¿Te hace, la maternidad, perder calidad de vida?

Cada vez que Samanta Villar habla sobre su maternidad la polémica está servida. Hace ya algo más de dos años de aquellas famosas declaraciones en las que aseguraba que con la maternidad había perdido calidad de vida. Y hace unos días, según algunos medios, afirmaba que «la maternidad es un horror«.

Dejando atrás que me resulte curioso que ambas declaraciones polémicas de Samanta coincidan con los lanzamientos de sus libros (buenas campañas de marketing, sin duda, para que se hable de ellos) y que a los medios de comunicación los titulares llamativos y polémicos les encantan, estas últimas declaraciones me han hecho pensar, en que ha supuesto para mí la maternidad. ¿Se pierde calidad de vida? ¿Es un horror esto de ser madre?

Está claro que todo depende de lo que para ti sea tener buena calidad de vida y, por supuesto, de cómo vivas tú tu rol de madre. En esto, como en todo en esta vida, todo depende del que lo vive, de cómo lo vive y, aún más importante si cabe, de cómo se había imaginado que lo viviría. Por eso la maternidad no suele ser como nos la contaron porque cada una ponemos en ella unas expectativas distintas y después la vivimos de la mejor manera que podemos, a nuestra manera, pero ojo que no es la única forma de vivirla.

Cierto es que con la llegada de los hijos se produce una revolución en tu vida. Eso es imposible negarlo. De hecho no conozco a nadie que lo niegue. Y con esa revolución llegan una infinidad de cambios para los que puedes estar más o menos preparada y que además puedes aceptar de mejor o peor manera. Todo depende pero… ¿qué hay de malo en decirlo? O incluso en gritarlo a los cuatro vientos, si una quiere.

Seamos sinceras. En este mundo de locos que nos ha tocado vivir, en muchas ocasiones (quizás demasiadas) sobrevivimos como buenamente podemos. No nos queda otra opción. Y en mi caso, trabajando fuera de casa, la cosa se complica, aún más si cabe. Porque desde luego ser madre no es fácil, a mí nadie me dijo que lo fuese, pero a veces resultan TAN complicado. ¿O no?

Acabamos haciendo cosas que nunca hubiésemos imaginado o planeado por pura supervivencia. Nos toca improvisar para salvar los muebles casi a diario. Y la falta de sueño, las comidas a deshoras, las frustraciones, los errores y los miedos acaban pasándonos factura, más tarde o temprano. Somos humanas y reales. Y no, no es malo reconocerlo, tal y como ha hecho Samanta. Lo malo es criticar a la que lo hace, buscar titulares sensacionalistas o sacar las cosas de contexto. Eso es lo fácil. No nos debe dar miedo hablar de la maternidad real sin tapujos, porque esa maternidad, la real, es la maternidad a la que nos enfrentamos cada día, cada una de nosotras. No nos engañemos.

La maternidad pesa, demasiado algunas veces. E incluso, en otras muchas ocasiones, te supera. Primero sufrimos la revolución hormonal, que supone la llegada de un hijo. Esa revolución que tendemos a ignorar sin darle toda la importancia que deberíamos. Las mujeres sufrimos una enorme transformación física durante los nueve meses de embarazo y nos metemos demasiada prisa a nosotras mismas para recuperarnos y volver a estar como si nada hubiese pasado. Gran error…

Luego una revolución física. Tener hijos, por si nadie te lo había contado, AGOTA. Así en mayúsculas. La falta de sueño, sobre todo al principio es tremenda. Nunca eres capaz de imaginar que puedas sobrevivir durmiendo tan poco. Y lo del principio es relativo porque mi hija mayor no durmió del tirón hasta casi los seis años, que se dice pronto. Y con el agotamiento físico, porque a ellos NUNCA se les agotan las pilas, llega el no tener tiempo para ti, ni para tu pareja. Cuesta encontrar el momento y, muchas veces, cuando lo encuentras estás tan casada que ni lo aprovechas.

Y, por último, esa revolución psicológica. Esa que te obliga a trabajar fuera de casa como si no fueses madre y a ser madre como si no trabajases fuera de casa. Esa presión silenciosa que te susurra al oído de forma constante que tienes que llegar a todo tal y como llegabas antes de ser madre. Y da igual que tengas un hijo, dos o tres, yo lo he estado oyendo en mi cabeza de forma constante desde que fui madre por primera vez. Y todo esto sin olvidarnos de las crisis, las rabietas, las frustraciones. ¡Casi nada!

Y esto no ha hecho más que empezar, porque como yo siempre digo, la maternidad es el único compromiso que se adquiere para toda una vida. ¡Sí, has leído bien, nunca termina! Nos queda mucho por vivir como madres, toda una vida.

Entonces ahora es cuando puedo afirmar que sí, con la maternidad se pierde calidad de vida. Calidad de vida con respecto a la vida que llevabas antes de ser madre pero se gana también en otras muchas cosas que antes no tenías. Y ojo, tengo muy claro que reconocer esto no implica querer menos a tus hijas, ni disfrutar menos de esta locura. Una cosa no quita la otra. Las quiero por encima de todo, como a nadie, pero si os dijese lo contrario mentiría. La vida te cambia por completo. Y reconocer toda esta revolución y este cambio de vida me ayuda a vivir toda esta aventura, o mejor dicho saga, de la mejor manera que puedo, que no es ni mejor ni peor pero es la mía. Y yo siempre intento ver el vaso medio lleno.

Y tú, ¿cómo vives tu maternidad? ¿Tambien has perdido calidad de vida?

2 Replies to “¿Te hace, la maternidad, perder calidad de vida?”

  1. No lo has podido decir mejor, suscribo cas una de tus palabras y si a mi me pasa con una os pongo en un altar a las que e si se os multiplica por dos , tres o las que sea, un besazo

    1. La maternidad es una auténtica revolución!!! En todos los sentidos!!!

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